El macollaje es el primer componente del rendimiento en el trigo. Descubre cómo el desarrollo radicular y una nutrición específica en esta etapa ayudan a alcanzar el número óptimo de macollos y asegurar el potencial de rendimiento.
Macollaje del trigo: ¿cómo alcanzar el número óptimo de macollos?
Macollaje: el primer componente decisivo del rendimiento en el trigo
El macollaje es el primer componente del rendimiento que se establece durante el ciclo del trigo. Tiene una fuerte determinación genética, pero las condiciones de campo suelen impedir que el cultivo alcance el número óptimo de macollos al final del invierno. Cuando el macollaje no es óptimo, las pérdidas de rendimiento pueden llegar hasta el 70%, lo que convierte a esta etapa en una palanca estratégica para el desempeño del cultivo.
El objetivo al final del invierno es claro: asegurar un número suficiente y homogéneo de macollos fértiles por metro cuadrado, para preparar el encañado y la formación de granos en las mejores condiciones posibles.
Desarrollo radicular: el motor oculto de la formación de macollos
Aunque la genética define el potencial, el desarrollo del sistema radicular desempeña un papel decisivo en la expresión de ese potencial.
Existe una relación clara entre el desarrollo de las raíces primarias y el número de macollos, con aproximadamente un macollo adicional por cada tres raíces adventicias adicionales. Esto pone de manifiesto el fuerte vínculo fisiológico entre el crecimiento subterráneo y la arquitectura aérea.
Un sistema radicular secundario eficiente, que se desarrolla a partir de la etapa de macollaje, es esencial para:
- maximizar la absorción de nutrientes: Una absorción eficiente de nutrientes desde el macollaje favorece el crecimiento de los macollos y limita deficiencias tempranas. Esto determina el vigor de la planta y el establecimiento de los futuros componentes del rendimiento
- mejorar la absorción de agua: Un sistema radicular eficiente permite explorar un mayor volumen de suelo y aprovechar mejor el agua disponible. Esto reduce el riesgo de regresión de brotes en caso de estrés hídrico en primavera.
- preparar la planta para el encañado: El macollaje precede a una fase de alta demanda fisiológica. Un buen desarrollo radicular y una nutrición controlada aseguran una transición segura hacia el encañado y favorecen la transformación de los macollos en espigas productivas.
Un sistema radicular bien desarrollado limita la regresión de macollos durante el encañado y asegura su conversión en espigas productivas.
Eficiencia del nitrógeno y supervivencia de los macollos
El macollaje está estrechamente ligado a la disponibilidad de nitrógeno y a la eficiencia de uso del nitrógeno por parte de la planta. Una absorción insuficiente de nitrógeno en esta etapa conduce a macollos débiles y aumenta el riesgo de regresión antes del encañado.
Ensayos de campo en trigo de invierno han demostrado que estimular el desarrollo radicular durante el macollaje mejora la eficiencia en el uso del nitrógeno en aproximadamente un 8% en promedio. Esta mejora se traduce en una mejor valorización de los nutrientes y en una mayor estabilidad en la supervivencia de los macollos.
Además, sistemas radiculares optimizados han mostrado incrementos de 0,4 a 0,5 t/ha en comparación con testigos no tratados bajo condiciones similares. Estos resultados confirman que trabajar la funcionalidad radicular durante el macollaje impacta directamente en el rendimiento final.
Fortalecimiento de la resiliencia del trigo durante el macollaje
El trigo es particularmente sensible al estrés durante el macollaje, especialmente al estrés hídrico. La variabilidad climática ha incrementado la frecuencia de déficits de agua que ocurren más temprano en el ciclo, incluso en etapas vegetativas.
Promover el desarrollo de raíces secundarias entre el macollaje y el estadio de segundo nudo mejora la capacidad de absorción de agua y reduce el riesgo de aborto de macollos bajo condiciones de estrés.
La nutrición con fósforo durante el macollaje, como complemento a la fertilización de base, ha demostrado efectos positivos en el mantenimiento del número de macollos tanto en escenarios de estrés hídrico vegetativo como reproductivo. Una mejor absorción de nutrientes y capacidad de exploración radicular son claves para estabilizar los componentes del rendimiento.
Estrategias agronómicas para alcanzar el número óptimo de macollos
Alcanzar el número óptimo de macollos requiere un enfoque integral que combine:
una densidad de siembra adecuada y la elección de la variedad
• estimulación radicular temprana
• nutrición específica en BBCH 21–25
• una gestión eficiente del nitrógeno
La aplicación de bioestimulantes o soluciones a base de fósforo durante el macollaje puede potenciar el crecimiento radicular, estimular la formación de macollos y mejorar la absorción de nitrógeno, además de aumentar la tolerancia al frío
Al asegurar la funcionalidad radicular en esta etapa temprana, los productores pueden reforzar la estructura del trigo antes del encañado y proteger el potencial de rendimiento.
Del número de macollos al rendimiento en grano
Optimizar el macollaje no es un objetivo aislado. Condiciona el número de espigas por metro cuadrado, que sigue siendo uno de los principales determinantes del rendimiento final.
Más allá del macollaje, acompañar el llenado de grano mediante una mayor actividad fotosintética y la disponibilidad tardía de nitrógeno contribuye a un mayor peso de mil granos y a un mejor contenido proteico.
Asegurar el número óptimo de macollos al final del invierno representa, por lo tanto, un hito estratégico en el manejo del cultivo de trigo, conectando el desempeño radicular temprano con la calidad final del grano y la estabilidad del rendimiento.